Los héroes no mueren. Pero sí pueden caer.
El 29 de septiembre de 2001, Félix ‘Tito’ Trinidad fue desbancado por nocaut técnico por el ‘Verdugo’ Bernard Hopkins. La noche marcó el fin de una era en el boxeo puertorriqueño, y fue una estocada en el corazón al pueblo que idolizaba a Tito.
El pasado enero, Hopkins afirmó que esa victoria fue la más gratificante de su carrera. ¿Pero qué significó la derrota para Tito y Puerto Rico?
Todo combate de Tito era un evento nacional. En cada barrio o urbanización se podría escuchar el coro de “¡Tito! ¡Tito!” cada vez que se trepaba al ring. La pelea contra Hopkins fue aún más esperada tras la guerra psicológica que el estadounidense montó contra Tito y sus seguidores. En una conferencia de prensa en la isla, Hopkins lanzó una bandera del país al suelo. La fanaticada se enardeció y el púgil de Filadelfia tuvo que ser retirado del recinto a toda prisa bajo protección policial.
“Nuestro héroe, Tito, se iba a encargar de ajusticiarlo. No fue así y por eso dolió más”, recordó Hiram Torraca, subeditor deportivo del diario puertorriqueño El Nuevo Día.
“En Puerto Rico ese día fue de duelo nacional, de luto. Para la inmensa mayoría de los puertorriqueños, fue como si se le hubiera muerto un familiar o un ser querido, ya que la gente aquí quiere a Tito como si fuera su familia”, añadió.
“Esa derrota, la primera de Trinidad en su carrera, conmocionó al país y hubo un silencio sepulcral en toda la Isla”, señaló Rey Colón, ex editor deportivo del diario El Vocero que actualmente dirige el sitio The Sport Press. “Tito iba con palmarés de 40-0 y 33 anestesiados y estaba en su ‘peak’”.
Entonces llegaron las especulaciones tras la derrota. El combate originalmente se iba a llevar a cabo el 15 de septiembre en el Madison Square Garden, pero se pospuso dos semanas tras los atentados del 11 de septiembre. En el ínterin, se reveló en la prensa puertorriqueña una relación extramarital de parte de Trinidad.
“Los análisis de calle comenzaron de inmediato”, admitió Torraca. “Las tres más populares teorías fueron que la revelación pública de que Tito esperaba un hijo fuera del matrimonio lo sacó de concentración; que Tito no debió permanecer en Nueva York luego del 9/11 y que la pelea debió posponerse; y finalmente, que Tito y su padre subestimaron a Hopkins”.
No fueron los únicos. Trinidad era favorecido 2-1 por las casa de apuestas. La revista The Ring sondeó a 20 especialistas de boxeo antes del combate, y sólo cinco pronosticaron la victoria de Hopkins, quien tenía marca de 39-2-1.
Pero Colón entiende que la revelación del la infidelidad fue lo que más impactó a Trinidad rumbo a la pelea.
“Trinidad se marchó hacia la reyerta moralmente destrozado”, dijo. “Su imagen de esposo perfecto se laceró. En mi opinión, eso, y no lo sucedido en Nueva York con los actos de terrorismo, fue lo que liquidó a Trinidad, quien quería regresar a Puerto Rico” para atender la situación.
Cual fuera la razón, “el castigo en esa derrota arruinó a Trinidad”, como destacó recientemente The Ring. Es una declaración con la cual Torraca podría estar de acuerdo, ya que Tito no volvió a ser el mismo boxeador después de la caída ante Hopkins.
“Luego de esa derrota, Tito no venció a nadie de calidad. Sus victorias fueron ante mediocres como Hacine Cherifi y Ricardo Mayorga“, explicó.
“Tito no volvió a tener una carrera como tal, sino que hizo una pelea, se retiró casi tres años; volvió para hacer dos más, se quitó otra vez por otros dos años y medio; y volvió para pelear con Roy Jones, evidentemente fuera de condición”.
Aunque no terminó su carrera de la mejor manera, Trinidad conserva el mismo sitio en el corazón del fanático puertorriqueño. Para los boricuas sigue siendo lo que es Manny Pacquiao para los Filipinos: el hijo predilecto.
“Afortunadamente para Tito, ya su legado estaba hecho y eso no le restó brillo a su gran carrera ni le quitó el cariño del público”, finalizó Torraca.
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